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La resolución del Ministerio de Justicia, de declarar ilegales los emolumentos recibidos desde enero a esta parte por el directorio de la ANFP, es una medida mediática y claramente efectista, pero que no contribuye mucho a aclarar el manejo económico de una actividad que constituye un verdadero “agujero negro”. La pregunta que ya hicimos sigue siendo válida: ¿por qué no se toca a la Federación?

 

¿Error legal? ¿Falta de información o simple recurso efectista? El dictamen del Ministerio de Justicia, de declarar ilegales las remuneraciones que reciben desde enero de este año el presidente de la ANFP, Sergio Jadue, y su directorio, provocó el natural revuelo mediático, pero tiene el grave pecado de no ir al fondo del asunto: investigar cabalmente al fútbol chileno, que es todo un “agujero negro” donde se manejan millones de dólares, en que las utilidades se disfrazan de excedentes y donde todos los actores involucrados en velar supuestamente por su transparencia se saltan olímpicamente a la Federación.

¿A esta conclusión fue la única a la que arribó la investigación al fútbol que, tras el escándalo que detonó en el seno de la FIFA, anunció la titular de la cartera de Justicia, Javiera Blanco? Todo parece indicar que, efectivamente, así fue. De lo contrario, la declaración del jefe jurídico del ministerio, Carlos Aguilar, habría tenido que apuntar a otros aspectos mucho más trascendentes que a unos “pocos” millones de pesos supuestamente mal habidos por parte de Jadue y su mesa.

Para decirlo claro, bien pobre y precaria fue su investigación, ministra. Quizás si, porque desde un comienzo, usted declaró que se estudiarían los manejos económicos de la ANFP y al parecer no se movió de allí, aunque no faltaron los medios –entre ellos El Mostrador- que le advertimos que cualquier investigación seria acerca del manejo económico del fútbol chileno debía necesariamente partir por la Federación Chilena de Fútbol.

¿Por qué? Porque las alarmas, en el país y a nivel mundial, sólo sonaron luego que, por encargo de la Fiscalía estadounidense, representada en este caso por Loretta Linch, el FBI les echara el guante en un faraónico hotel de Suiza a siete dirigentes que se aprestaban a participar en la elección de la FIFA, acusándolos de asociación ilícita, lavado de dinero, recibo de generosas coimas y otros delitos que el Imperio no iba a tolerar, simplemente porque para todos estas irregularidades se utilizó la poderosa maquinaria bancaria estadounidense.

Comprobado que estas corrupción provenía fundamentalmente de dirigentes de la Concacaf (Confederación Norte, Centro Americana y del Caribe) y de la Conmebol (Confederación Sudamericana), se produjo una estampida de personeros ligados al fútbol en esta parte del mundo y, como por encanto, se conoció que el fútbol chileno había recibido una sustanciosa coima de la empresa Datisa por derechos de transmisiones televisivas de la Copa América.

Hasta ahí, ese dinero, curiosamente, permanecía en el más absoluto de los misterios. Ni siquiera los regentes de los clubes estaban enterados.

Primero se habló de 1,5 millón, aunque pronto la cifra ascendió a los 3 millones de dólares. Cifra nada despreciable, pero que bien podía ser sólo la punta del iceberg de acuerdo a los montos escalofriantes que suele mover el fútbol.

A estas alturas parece estar claro que ni esos dineros, ni otros millones que ingresaron al país con motivo de la Copa América, lo hicieron a través de la cuenta corriente de la Federación, que era lo que correspondía, por tratarse de una Selección que, como la chilena, representa a todo el fútbol del país y no sólo a la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, ANFP.

Pero como todo parece indicar que la acuciosa investigación del Ministerio de Justicia no tocó a la Federación, nos encontramos ahora con que el único reparo a este curioso fútbol nuestro es que Sergio Jadue y sus compañeros de directorio reciben un sueldo que, según la cartera, es ilegal, “por tratarse de una Corporación de Derecho Privado sin fines de lucro”.

Partamos por reconocer que el Consejo de Presidentes de la ANFP acordó, en 2012, pagar una remuneración mensual a quienes tuvieran la responsabilidad de dirigir la corporación. Y que la medida sólo se hizo efectiva a partir de este 2015. Que para realizar esta innovación histórica se modificaron los estatutos de la ANFP, cambios que, según el organismo, fueron informados oportunamente al Ministerio de Justicia, que tuvo más de dos años para hacer sus observaciones sin que estas vieran la luz. Que, por último, y efectivamente, en el país existen innumerables fundaciones sin fines de lucro que remuneran a quienes las encabezan o dirigen.

La pregunta que cabe es: la ANFP, ¿es efectivamente es una Corporación de Derecho Privado sin fines de lucro? Y respecto de esta interrogante es que se acumulan las dudas.

De partida, ¿es lógico y natural que una Corporación de Derecho Privado sin fines de lucro acoja en su seno a clubes que son en su inmensa mayoría Sociedades Anónimas Deportivas que sí persiguen el lucro? Si la ANFP no tiene fines de lucro, ¿cómo es dueña en un 80 por ciento del Canal del Fútbol que, según su última tasación, alcanza hoy en día un valor cercano a los mil millones de dólares? Porque eso de que su dueño son los clubes no pasa de ser una entelequia…

Las preguntas, por cierto, no paran allí.

¿Por qué la ANFP utiliza como aval el Canal del Fútbol para pedir en la banca un préstamo de más de 60 millones de dólares destinados a salvar del ahogo económico a Sociedades Anónimas Deportivas cuyo fin es el lucro? ¿Por qué en 2012 reparte 16 millones de dólares a los 32 clubes de Primera A y Primera B, dejando fuera a Deportes Puerto Montt y quedando misteriosamente ese medio millón que le correspondía a la entidad “salmonera” supuestamente en la tesorería de Deportes Copiapó? ¿Por qué a ese mismo Deportes Puerto Montt se le indemniza con 25 mil UF por perder ese año la categoría y este año, al recuperarla, debe devolver ese dinero con la consiguiente alza que ha experimentado la UF en dos años? ¿Qué es la ANFP? ¿Una Corporación sin fines de lucro o una financiera informal?¿Por qué todos estos millonarios aportes se destinan al Fútbol Joven de las Sociedades Anónimas en circunstancias que esos ingentes recursos jamás se ven reflejados en un mejoramiento de las condiciones de aquellos jugadores infantiles y juveniles supuestamente beneficiados?

¿Por qué, finalmente, se sigue utilizando majaderamente la palabra “excedentes” para repartir dineros provenientes del Canal del Fútbol y no se utiliza jamás el término que realmente cabe, y que es el de “utilidades”? ¿Será una forma de eludir el pago de impuestos?

Que una Corporación de Derecho Privado sin fines de lucro maneje una empresa tan rentable como el Canal del Fútbol, y que esa misma corporación esté hace tiempo dándole vuelta a la idea de adquirir el 20 por ciento restante, aunque para ello haya que desembolsar 200 millones de dólares, ¿puede seguir ostentando el engañoso cartel de no tener fines pecuniarios? ¿No será hora de transparentar, pero de verdad, la forma en que se maneja el fútbol chileno?
Porque la pregunta que hemos hecho reiteradamente a través de este medio sigue teniendo plena vigencia: ¿hasta cuándo las Sociedades Anónimas Deportivas van a seguir metiéndoles el dedo en la boca a los municipios para que les financien supuestamente sus series menores? Ya que a través del Sistema de Proyectos Deportivos sujetos a franquicias tributarias ya no pueden seguir engañando al Instituto Nacional de Deportes, en otras palabras al Fisco, ¿hasta cuándo se van a aprovechar de la ingenuidad de otras empresas del Estado, Codelco entre ellas, para intentar mantener clubes SAD que técnicamente están quebrados?

Seamos claro: en este negocio grande que es el fútbol no todos van en la parada en igualdad de condiciones. Colo Colo y Universidad de Chile se llevan la tajada del león. Y se explica porque, obviamente, al ser los clubes más populares, son los que más abonados aportan al CDF. Y porque, cuando los síndicos que los intervinieron tras decretarse las dos quiebras más fraudulentas de la historia del país, decidieron entregar mansamente a la ANFP los derechos de imagen que tanto habían defendido sus antiguos dirigentes, el organismo que controla el fútbol profesional no podía pagarles a ambas instituciones con “dos chauchas”.

El enojoso pero superfluo episodio a que da lugar la resolución del Ministerio de Justicia lo más probable es que terminará en nada. Como terminan en este país todas aquellas medidas que afectan a empresas o personas poderosas.

Y, claramente, el fútbol es a estas alturas una empresa poderosa cuya influencia, como si fuera poco, no sólo se mide en capacidad económica. Maneja dinero, mucho dinero, es cierto. Pero también maneja pasión. Algo que vemos reiteradamente cada fin de semana y que llega al paroxismo cuando se trata de la Roja obteniendo una Copa América que, hasta el último torneo, apenas habíamos podido rozar.

Un intangible difícil de cuantificar, y más aún en tiempos en que, a falta de pan, bueno es el circo.

Doble contra sencillo que, cumplido el rito de devolver el dinero que anunció Jadue, acatando de esa forma lo que ordena el Ministerio de Justicia, el fútbol tendrá argumentos de sobra para salirse con la suya.

El episodio mediático, ampliamente difundido y comentado, quedará en una simple anécdota.

Pero ello no cambiará en nada el que el fútbol siga manejándose al absoluto arbitrio de su dirigencia. Seguirá siendo ese “agujero negro” cuyos confines y consecuencias ni siquiera conocen a cabalidad muchos de sus propios actores. Cuando hay varios con la soga al cuello, además, el preguntar, inquirir y cuidar la dignidad suele ser un artículo suntuario.

A todo esto, ¿la Federación Chilena de Fútbol sigue existiendo o hasta el propio Ministerio de Justicia le dio ya la extremaunción, como hace rato parece que se la dio la ANFP

 

 

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