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Tal como atestigua el pasado Huracán Harvey, el desastre natural más destructivo de la historia de Estados Unidos, así como también los efectos de la súper-tormenta Irma y de los huracanes José y Katia, el calentamiento global estaría comenzando a adquirir el carácter de una crisis planetaria sin precedentes. Recordemos aquí que Harvey se desarrolló casi en paralelo a otras grandes tormentas que produjeron miles de muertos en diversos países asiáticos, demostrando con ello el papel crecientemente disruptivo del cambio climático en la arena internacional.

Con todo, si tenemos en cuenta que las diversas crisis ambientales (huracanes, aludes, sequías, olas de calor, incendios) que se han venido sucediendo han ocurrido en momentos cuando hemos alcanzado recién el primer grado centígrado de calentamiento global, puede afirmarse que todos estos desastres no son más que el comienzo… y que lo peor todavía no llega. Para entender esto basta con recordar que durante las próximas décadas la temperatura mundial podría alcanzar no sólo los temidos dos grados (la barrera catastrófica del cambio climático fijado por las Naciones Unidas), sino que varios más.

Parecen empezar a cumplirse así las predicciones científicas más pesimistas respecto a la crisis ecológica; por ejemplo, aquellas del científico James Hansen, denominado como el “padre del cambio climático”, quien alertara en una reciente publicación de la posibilidad cercana del desarrollo de súper-tormentas (superiores a todas las conocidas hasta hoy), esto en el caso de que el calentamiento global llegue a superar los 2 grados.

Pero ni siquiera el peligro de las súper-tormentas, o bien el de otras graves amenazas asociadas al calentamiento global: aumento de los niveles oceánicos, súper-liberaciones de metano, derrumbe agrícola planetario, etc., pueden siquiera compararse al tipo de crisis ecológica que podría afectar durante este siglo (y eventualmente hacer colapsar) al pilar de sustento más importante de la vida terrestre: el oxígeno.

La crisis del oxígeno

Se entiende por “crisis del oxígeno” (o desoxigenación) a una posible reducción drástica de los niveles de oxígeno atmosférico como consecuencia de los efectos del calentamiento global sobre los mares. De acuerdo a algunas investigaciones, de hecho, los niveles de este gas podrían desplomarse durante este siglo a tasas inéditas desde la aparición de nuestra especie. La causa de lo anterior se encontraría en el avance del actual fenómeno de acidificación oceánica que, alentado por el calentamiento global, podría poner en riesgo (a mediano plazo) las poblaciones de fitoplancton responsables de la generación de más del 80% del oxígeno atmosférico.

Lo anterior no constituye sólo una posibilidad teórica, esto si tenemos en cuenta la serie de estudios que muestran una significativa caída de los niveles de este gas durante las últimas décadas en diversas regiones del planeta. Uno de los datos más preocupantes en este ámbito sería, entre otros, el rápido declive de las tasas de oxigeno oceánico, registrándose durante el periodo 1990-2008 una caída de un 0.3% anual en el Pacífico Norte. Esto último de acuerdo a un artículo de Paul Falkowski y colaboradores publicado durante el año 2011 en Transactions of the American Geophysical Union (EOS).

Existe así un relativo acuerdo en señalarse que una de las principales causas de este declive se relacionaría, tal como dijimos, a los efectos negativos del calentamiento global sobre los mares, los cuales han venido siendo particularmente afectados por este fenómeno. Un ejemplo de esto último puede verse en el siguiente gráfico.

Uno de los resultados de la caída de las tasas de oxígeno oceánico ha sido, entre otros, la rápida multiplicación de las llamadas “zonas muertas”; es decir, aquellas áreas de los océanos en los cuales los niveles de oxígeno son tan bajos o nulos (estado denominado como hipoxia) que la vida es imposible. Estas zonas ya sumarian más de cuatrocientas alrededor del planeta, abarcando de acuerdo a la investigadora Lee Bryant (Universidad de Bath) el 10% de los mares del globo.

Otros de los factores que estarían jugando un importante rol en el declive del oxígeno oceánico serían, por mencionar algunos, la quema de combustibles fósiles, las cantidades de desechos industriales vertidos en los mares y las altas tasas de deforestación vistas en las últimas décadas.

Con todo, este problema ha estado lejos de reducirse meramente a los océanos. Por el contrario, uno de los ejemplos de la magnitud que estaría tomando aquel serían las significativas reducciones de los niveles de oxígeno atmosférico vistas recientemente, registrándose ya una caída desde un 21% en tiempos pre-industriales hasta un 19% en ciertas áreas del globo. Todo esto acompañado de caídas aún más dramáticas en algunas grandes urbes en las cuales se habrían llegado a registrar niveles de hasta un 15%.

 

Ahora bien, ninguno de estos datos puede darnos una idea de la gravedad que podría alcanzar la crisis del oxígeno en el futuro próximo, aquello si consideramos la velocidad y magnitud sin precedentes que estaría tomando el calentamiento global y la crisis ecológica.

Crisis del Oxígeno, Calentamiento Global… y grandes problemas para la humanidad

Repasemos algunos datos: caída de un 0.3% anual en los niveles de oxígeno del Pacífico Norte, proliferación de las “zonas muertas” en los mares, reducción significativa (inicial) del oxígeno atmosférico. ¿Grave? Sin duda ¿Puede ser peor? Sí, mucho peor, esto si pensamos que todos estos fenómenos se producen en momentos en los cuales, como ya dijimos, el calentamiento global recién ha alcanzado un grado centígrado de aumento, pudiendo aquel dispararse (de acuerdo a estimaciones del IPCC) a dos, cuatro o seis grados en las próximas décadas.

Una muestra de los efectos que podría tener la reducción de los niveles de oxígeno oceánico en un contexto de calentamiento global cercano a los dos grados podría encontrarse, por ejemplo, en los diversos eventos de varazones y muerte masiva de especies marinas ocurridos durante los últimos años alrededor del mundo, entre otros los acaecidos en las costas de Estados Unidos, Vietnam o Chile. Dichos eventos, asociados asimismo a una posible aceleración parcial del calentamiento oceánico como resultado del pasado fenómeno de El Niño, podrían de hecho convertirse en eventos periódicos en los próximos años, llegando con ello a generar importantes crisis de subsistencia (tal como la acaecida en Chiloé recientemente) en amplias regiones del planeta.

En el caso de que consideremos ahora un aumento de tres o cuatro grados de calentamiento global (escenario altamente probable durante las próximas décadas), nos estaríamos refiriendo aquí a una situación de stress ecológico y posible crisis terminal de la mayoría de los ecosistemas del planeta. De acuerdo a la ONU, de hecho, un calentamiento global que alcance los 3.5 grados centígrados bastaría para producir la muerte de una gran parte de las especies marinas y terrestres, esto al ocasionar una drástica disminución de la base alimentaria de las cadenas tróficas y alentando con ello, por ejemplo en el caso de las comunidades de fitoplancton, caídas aún mayores en los niveles de oxígeno planetario. Tal como se desprende de las proyecciones de las Naciones Unidas con respecto a este escenario:

“El programa medioambiental de las Naciones Unidas predice un incremento de 3.5 grados centígrados para el 2100. Un incremento de este tipo podría remover el hábitat de los seres humanos de este planeta, aquello tan pronto como la casi totalidad del plancton en los océanos sea destruido, asociándose además estos cambios de temperatura a la muerte de una gran cantidad de plantas terrestres. La especie humana jamás ha vivido en un planeta 3.5 grados centígrados por encima de la actual línea de base”.

¿Y qué efectos podría tener un aumento de 5 o 6 grados centígrados de la temperatura mundial sobre los niveles de oxígeno en el planeta? En este caso, nada menos que el colapso casi total de la producción de oxígeno oceánico, responsable como ya dijimos de suministrar alrededor del 80% del oxígeno atmosférico. Lo anterior de acuerdo a un reciente artículo de los investigadores Yadigar Sekerci y Sergei Petrovskii de la Universidad de Leicester en Bulletin of Mathematical Biology. En otras palabras, una reducción de los niveles de oxígeno terrestre comparable a las ocurridas en algunos de los eventos de extinción masiva más importantes del pasado geológico. Tal como señalan Sergei Petrovskii, líder del equipo de investigadores de dicho estudio:

“Cerca de dos tercios de la totalidad del oxígeno atmosférico es producido por el fitoplancton de los océanos y, por lo tanto, la cesación de su producción podría resultar en el agotamiento del oxígeno atmosférico en una escala global. Esto podría provocar una mortalidad en masa tanto de animales como de humanos”.

¡El fin del oxígeno! Este podría ser uno de los regalos póstumos (posiblemente cercano) de la crisis ecológica a la cual nos ha conducido esta sociedad basada en el consumo y el lucro, crisis que como vemos no se encuentra más que en sus comienzos… y que no tiene hasta ahora ninguna solución a la vista.

 

 

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